Leer en el siglo XXI

Leer en el siglo XXI por Marina Kriscautzky Laxague


" ...Los adultos están leyendo en sus teléfonos de manera prácticamente continua. Cuanto más pequeños son, los niños están más cerca de esas situaciones de lectura. No tienen que esperar para ser parte de actos de lectura socialmente significativos. Eso genera un cambio importante: muchos más niños comienzan a tratar de comprender lo que significa leer desde la primera infancia. Llegarán a la educación formal con muchas ideas al respecto. La escuela, por tanto, deberá reconocer esas ideas para potenciar el aprendizaje ..."


Cada época, cada cultura, tiene sus propias tecnologías. Vivimos en un mundo en el que cada vez es mayor la presencia de dispositivos de cómputo (celulares, tabletas, laptops, computadoras) en todos los ámbitos de la vida cotidiana, particularmente en los centros urbanos. Están presentes en los supermercados, en los bancos, en los cibercafés, en las librerías, en los hogares... Poco a poco están llegando también a las zonas rurales, fundamentalmente a través de los celulares y en ocasiones a través de centros comunitarios donde se concentran servicios informatizados de todo tipo. En nuestra época, por tanto, estar alfabetizado implica poder interpretar y producir una amplia variedad de textos que se presentan en los medios tradicionales (materiales impresos de diferentes tipos, como periódicos, cartas formales, instrucciones, etc.), pero también en los nuevos: los medios electrónicos, aquellos que se transforman a mayor velocidad de lo que podemos alcanzar a comprender y que dan lugar a diferentes modos de leer y de escribir. La cultura escrita de nuestro tiempo está atravesada por las tecnologías de información y comunicación porque ellas constituyen los nuevos soportes y medios de producción de lo escrito. Ahora, hay que saber leer en pantalla, desentrañar instrucciones para encontrar información, seleccionarla de entre un exceso de opciones y evaluarla para tomar decisiones. Escribir requiere utilizar las dos manos en un teclado y ser capaz de asumir nuevos roles: producir textos, pero también editarlos, socializarlos y recibir la devolución de los lectores. Aprender a leer y escribir “es construir un nuevo objeto conceptual (la lengua escrita) y entrar en otro tipo de intercambios lingüísticos y culturales” (Ferreiro, 2007, p. 268), intercambios que, en nuestros días, están mediados en gran parte por las tic y por tanto son diferentes a las prácticas anteriores a la existencia de estos nuevos medios de producción y acceso a la información.

En suma, estamos expuestos, permanentemente, a diversas interacciones sociales donde la lectura y la escritura son necesarias y están mediadas por las tic. En este marco, las tecnologías son herramientas a través de las cuales se desarrollan diferentes interacciones entre las personas. No solo tenemos que pensar en la tecnología como habilidad sino como algo que nos permite entrar en un mundo particular: la cultura escrita de nuestro tiempo. Usar la tecnología como parte de las herramientas disponibles permite a los niños aprender códigos culturales de los que, de otra forma, quedarían excluidos.

En la primera infancia, la cercanía de los niños con los dispositivos tecnológicos es innegable. A través de sus padres, o de forma directa, interactúan con pantallas y teclados. Presencian actos de lectura y escritura propios de esta época: enviar mensajes, reír con los memes, mirar videos, seguir noticias, compartir información y leer incluso literatura. Todas estas prácticas, cuando se realizan con la mediación permanente de los adultos y en el momento adecuado, pueden contribuir a conformar un entorno que propicia el aprendizaje de la lengua escrita en los términos que definimos como propios de este tiempo. Nunca antes los niños habían estado tan expuestos a participar en actos de lectura y escritura socialmente significativos como ahora, cuando los celulares están presentes en casi todas las actividades de los adultos. Un bebé o un niño pequeño aprende de sus padres, o de los adultos que los cuidan, que los celulares sirven para comunicarse por escrito al verlos enviar y recibir mensajes. Esto, que podría parecer poco importante porque ya lo consideramos habitual, marca una gran diferencia con generaciones anteriores. En el pasado no tan remoto, los niños podían presenciar actos de lectura en pocas y restringidas ocasiones. Tenían (teníamos) que esperar la hora del cuento o los momentos en que los adultos leían el periódico, alguna revista o un libro. Y, ciertamente, todas esas prácticas eran poco comunes, ocurrían solo en algunos hogares. La expansión de los celulares ha transformado esa realidad. Los adultos están leyendo en sus teléfonos de manera prácticamente continua. Cuanto más pequeños son, los niños están más cerca de esas situaciones de lectura. No tienen que esperar para ser parte de actos de lectura socialmente significativos. Eso genera un cambio importante: muchos más niños comienzan a tratar de comprender lo que significa leer desde la primera infancia. Llegarán a la educación formal con muchas ideas al respecto. La escuela, por tanto, deberá reconocer esas ideas para potenciar el aprendizaje.

 ¿Cómo se forman los lectores?

 Es importante insistir en que saber leer no es un “estado”, es un proceso que se construye poco a poco, a través de muy diversas situaciones. Como ya dijimos, en la primera infancia es fundamental que los niños presencien actos de lectura y escritura, esto es, que sean partícipes de situaciones donde los adultos o niños mayores leen con propósitos comunicativos. En el apartado anterior mencionamos algunos de esos actos que se producen espontáneamente en las familias. Pero se requieren otros actos de lectura para sistematizar y promover el aprendizaje: leer para saber más sobre un tema, leer para saber cómo realizar algunas acciones (cocinar, armar una máquina), leer para saber algo del otro (un mensaje, un correo, un posteo en redes sociales, un recado en papel), leer para imaginar... En suma, leer con sentido. Cuando los niños pequeños escuchan leer en estas situaciones descubren las diferentes funciones de la lectura y la escritura. Y descubren el valor que tiene saber leer y escribir para su comunidad. Esto es el primer paso para querer aprender a leer y escribir de forma autónoma:

En la actualidad gran parte de los actos de lectura y escritura están mediados por la tecnología. Ante esta realidad, muchas voces se han manifestado para alertar sobre algunos peligros del uso indiscriminado de dispositivos tecnológicos de niños muy pequeños, aludiendo a los efectos adversos que provocan las pantallas en la salud. Tal es el caso de la Asociación Americana de Pediatría (AAP Council on Communications and Media, 2016), que recomienda principalmente la mediación de los adultos para que los niños utilicen dispositivos tecnológicos. Esto es innegable, sobre todo si se trata de excesos, de uso de las pantallas para “calmar a los niños” o para reemplazar la interacción social (Cerlalc, 2017). Sin embargo, es importante plantear la pertinencia de integrar a los niños a las diversas formas de lectura que son socialmente significativas y valoradas. ¿Por qué? Porque el proceso de aprendizaje se inicia en la primera infancia y es crucial que los niños tengan acceso a la cultura escrita de su tiempo, con las tecnologías disponibles de su tiempo, atendiendo a las especificidades del desarrollo durante los primeros años y a las precauciones y recomendaciones científicas para usar estas tecnologías con ellos. Todos estos aprendizajes se inician en la primera infancia siempre y cuando los bebés y los niños pequeños tengan acceso a los materiales de lectura, digitales o impresos, pero, sobre todo, si cuentan con adultos que funcionen como modelos lectores.

Cuando un bebé está rodeado de personas que valoran la lectura, que la utilizan para diferentes fines y que dominan la diversidad de soportes actuales para leer y escribir, aprende que leer es importante. Aprende, también, que existe un conjunto de dispositivos que contienen “cosas que se pueden leer”, de los cuales los adultos obtienen mensajes.

Los adultos que leen a los niños, con los niños o frente a los niños generan un espacio donde la lectura es significativa. Esto hace posible que los niños exploren, interpreten y comprendan cómo se lee y cómo se escribe aún antes, mucho antes, de llegar a la escuela primaria.

Los niños que no tienen estas oportunidades llegan a la escolaridad en franca desventaja. Deben hacer el esfuerzo de comprender cómo funciona el sistema de escritura al mismo tiempo que descubren que existen diversas funciones de la lengua escrita, diversas situaciones donde se usa y diversos dispositivos donde se ejerce el derecho a comunicarse por escrito.

Fuente: Dossier: Lectura digital en la primera infancia – Cerlalc (Pagina 26)
https://cerlalc.org/wp-content/uploads/2019/04/Dosier-Lectura-digital-_-VF3.pdf


Last modified: Monday, 10 May 2021, 12:25 PM